¡Teatro pa’ la banda!

Teatro

¿Cuántas veces en tu vida has ido al teatro? ¿Eres capaz de contarlas?

Mi buen lector, abriré este humilde espacio preguntándote  ¿Cuántas veces en tu vida has ido al teatro? ¿Eres capaz de contarlas? Me aventuro a hacerte estas pregunta porque lamentablemente el consumo de teatro en nuestro país, dista mucho de ser una práctica habitual. Los espectadores de teatro en México representan un sector social porcentualmente intrascendente, que además a su vez se encuentra dividido entre los consumidores ocasionales de teatro comercial (que están más interesados en vivir la “experiencia teatral” que en la puesta en escena por la que han optado), los espectadores eventuales que tienen el único interés de ver en vivo a actores de televisión, la comunidad teatral que acude a ver el trabajo de sus colegas en muchos casos únicamente para criticarlo, el público erudito que disfruta de compartir conceptos artísticos incomprensibles para la mayoría de la población y en último lugar el perfil del espectador que debería predominar en una sociedad artísticamente saludable: quien se acerca a un teatro por el interés genuino de diversión, reflexión y emociones.

Este panorama contrasta de manera inverosímil con la amplísima oferta teatral que hay en el país (mejor dicho en la Ciudad de México,  pues la dañina y profunda centralización de nuestra república, tristemente afecta también al arte.).

¡La cartelera teatral mexicana es una de las más amplias del mundo! Dramaturgos, directores, escenógrafos y actores de teatro mexicanos han destacado en los festivales más importantes del planeta. Prácticamente todos los días del año hay ofertas teatrales de altísima calidad y para todos los gustos, pero las puestas en escena batallan para sobrevivir más de doce funciones en cartelera.

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Prácticamente todos los días del año hay ofertas teatrales de altísima calidad y para todos los gustos

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Esta situación por demás absurda es consecuencia de la suma de políticas culturales ineficientes, feroces intereses económicos, prejuicios generalizados y el daño correspondiente del poder desmedido de la televisión en México. Una de las características fundamentales de nuestro teatro es el circulo vicioso que produce el férreo divorcio entre el llamado teatro comercial y el teatro institucional o académico. Mientras que el primero prioriza excesivamente los objetivos monetarios (muy por encima de la calidad interpretativa, estética, dramática, etc) el segundo, al ser subvencionado por el estado o una institución cultural, desprecia el éxito taquillero. El resultado generalmente es este: obras malas y complacientes que duran infinidad de años en cartelera  por un lado y por el otro, obras  que le hablan a un grupo reducidísimo de espectadores.

El estado mexicano ha sido determinante en la conformación del quehacer teatral de nuestro días. Para entenderlo hay que remontarse unas décadas atrás, cuando la represión y la censura típica de la dictadura priísta hacia la disciplina artística crítica e incómoda, se transformó en una aparente apertura muy conveniente para legitimar a los gobernantes. Fue Carlos Salinas quien dio forma a las peticiones de muchos artistas mexicanos que pedían becas, fomentos y apoyos sin condicionantes ni imposiciones de discurso. El resultado es asombroso pero estéril. Hoy en México, un amplio número de artistas pueden formarse académicamente y ejercer el teatro de manera profesional (fenómeno singular y prácticamente único en América Latina), pero no existen políticas culturales de corte nacional dirigidas al desarrollo de nuevo público teatral. La comunión entre los creadores  y el grueso de la población simplemente no existe, cuando ésta debería ser la esencia del quehacer escénico.

¿Por qué se apoya a una parte y a la otra no? Porque al estado, fomentar la producción artística le retribuye capital político, pero fomentar que la gente consuma teatro,  estimularía  la conciencia, la identidad, la crítica, el análisis y la inconformidad de quienes le conviene que sigan siendo rebaño.

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pero fomentar que la gente consuma teatro estimularía la conciencia, la identidad, la crítica, el análisis y la inconformidad de quienes conviene que sigan siendo rebaño.

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Y aquí no hay buenos y malos, en el gremio teatral nos sentimos muy cómodamente incomprendidos y nos gusta quejarnos en facebook, pero nuestro ego y nuestras becas nos siguen llevando al distanciamiento del teatro y su función social.

¿Cuál es la solución? Hay muchas: el fomento del teatro independiente (un equilibrio entre el teatro comercial y el académico), creación y recuperación  de más teatros, descentralización de la producción teatral, apoyos al teatro amateur, etc. Pero hay una labor muy necesaria y a plazo cortísimo: acercar al público a las ofertas teatrales que valen la pena.

Y este es el objetivo de este sencillo espacio, estimado lector, a partir de la próxima semana podrás encontrar aquí, recomendaciones de puestas en escena atractivas y que merecen la pena ser vistas. Sin importar los nombres, curriculums, empresas o instituciones, aquí te voy a recomendar obras de teatro por lo que sucede sobre las tablas y nada más, para que vayas y las disfrutes.

Este es un espacio dedicado al enlace entre artistas teatrales y potenciales espectadores, no se harán criticas para que los teatreros las pongamos en nuestras becas del FONCA, se harán para que tú decidas si se te antoja ir o no a ver tal o cual propuesta.

El teatro es un arte universal porque lo único indispensable para que exista, es la presencia del actor y del espectador. El teatro está para que lo goces y hoy te está esperando.





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