Del neosoltero al dinky y la psicología de la elección

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Supongo que la mayoría de ustedes está familiarizado con el juego de teléfono descompuesto. La dinámica es sencilla, en una mesa se sientan varias personas, generalmente niños. La maestra, o uno de los niños le dice alguna frase al oído a otro de los presentes y cada uno le cuenta al que tiene al lado lo mismo. Cuando el mensaje da la vuelta y llega a la maestra, generalmente es otra cosa totalmente diferente.

Esta semana ha circulado un tema, el cual supongo ha sido moda desde hace al menos 30 años, que trata sobre el neosolterismo. El primer artículo apareció de mano de Selene Becerril, quien justamente es parte de la agencia Seis Grados. El fin del artículo no es promover el estilo de vida de soltero (porque veo que más de uno lo leyó mal) sino al contrario, promover la agencia de Seis Grados (quienes son básicamente headhunters de parejas). Posteriormente apareció una versión con comentario propio y citando fuente en Belelu, de donde saltó hacia otros sitios que tímidamente le dan crédito (y donde básicamente fueron copy and paste). Otros sitios lo medio leyeron y así lo medio comentaron: mal leído, mal escrito, mal entendido.

Aquí debo hacer notar dos cosas. Si el tema está de moda y uno copia, Google lo detecta y castiga a esos sitios restándoles tráfico. Ahora bien, supongo que eso no les importa porque como lo mencionaba en mi artículo sobre la destrucción del internet y las redes sociales, lo importante parecen ser los likes y los RTs.

Tengo 41 años y tengo pareja. Somos lo que en ese mismo artículo de neosolterismo llamarían los típicos Dinky y/o “living apart together”. Fui neosoltero (por ridículo que suene el término), por una buena cantidad de años, al grado que dejó de preocuparme la búsqueda de pareja. Después descubrí que podía tener un partner además de una pareja en la misma persona. Por si lo dudan, ese es el secreto de la felicidad. Descubre un partner y luego hazlo tu pareja. Incluso funciona también para hacer buenos amigos aunque no sean tu pareja… pero sí los mejores partners.

No, no es egoísmo. El contexto social, económico y cultural de esta época no puede (ni debe) intentar verse desde un limitado y único punto de vista, menos si este es conservador y religioso, que a mi parecer es vivir como a otros les funciona (?).

Hoy en día lo que parece estar sucediendo, es que la gente más joven sigue idealizando ciertos aspectos de su vida como si estuvieran escritos en una revista de tips de belleza (y de aplicación rápida) o como si vinieran de una película de Disney.

Supuestamente los neosolteros son en un principio personas con falta de compromiso y profundamente egoístas. Cuestión de enfoques, traer hijos al mundo en una relación inestable o forzar una relación porque ya los tuviste, es un infierno para los chamacos. Pregúntenmelo a mi (o a cualquiera hijo de divorciados), el proceso de separación de los padres y los amigos que tuvieron a sus padres juntos pero siempre como perro y gato, no se tradujo en una vida de felicidad precisamente.

Como resultado tienes que el compromiso de una mala relación puede ser más egoísta que evitarla. Pasa igual con los hijos. El problema no es tenerlos sino darles una buena vida en su momento más importante, sus primeros años.

Definir qué debes hacer en la vida es un tema complicado del cual poca gente puede hablar, por principio porque cada quien tiene su propio concepto de un proyecto de vida, sus propias expectativas, sueños y metas. De la misma forma, las experiencias de vida van definiendo el camino que vas a tomar… y cada vida tiene las suyas.

¿Pero qué otros aspectos influyen en el tan citado ‘neosolterismo’? ¿Son realmente todas las razones que aparecen en estos artículos?

Al menos a mi me gustaría desarrollar más otros síntomas claves que causan esto:

Amanda Hees, en su artículo del 2012 Is Your City Making You Single? señala cómo las grandes ciudades contribuyen a las relaciones cortas, a la soltería y e incluso a evitar la relación. También menciona algunos estudios que indican a ciertas ciudades como mecas del ligue y al final resultan ser todo lo contrario, un lugar para gente solitaria (que nunca hace una pareja).

Hees cita una investigación de Sheena Iyengar en lo que podría llamarse la psicología de la elección (por si se lo preguntan, esto es lo mismo que explotan las grandes cadenas como McDonalds o Starbucks: menos opciones, más ventas). Iyengar habla de la experiencia de compra en un súper reconocido por su gran cantidad de opciones de vinos y comida gourmet, el exceso de opciones terminaba atemorizando al consumidor que salía con las manos vacías del establecimiento. Esto la llevó a un estudio donde descubrió que la simple acción de elegir es casi siempre experimentada como sufrimiento, no como un acto placentero (¿por qué creen que Apple se ha abierto mercado tan fácilmente?). Los últimos años en el mundo del consumo han sido una explosión de opciones — apunta — esto ha hecho más difícil para la gente identificar qué les gusta y cómo conseguirlo.

Pues bien, las grandes ciudades se vuelven un inmenso supermercado de posibles parejas, son tantas las posibilidades que tanto hombres como mujeres terminan intimidados. ¿Qué tal si me quedo con este?, ¿será ella mejor?, ¿y si este me sale malo?, ¡cuál será su caducidad!

CMDF

El Distrito Federal y Zona Conurbada tienen alrededor de 22 millones de habitantes.

En la Ciudad de México prácticamente puedes conocer a una nueva persona en cualquier momento, aunque irónicamente no suceda así. La gente que recurre a servicios de citas online donde la mayoría parece revelar que siempre está buscando algo mejor.

Amanda Hees también subraya algo que me lleva de inmediato a la imagen de ese tortuoso metro de la Ciudad de México. Las distancias pueden hacer las relaciones agotadoras. ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esa persona si existen otros cien que viven más cerca? Conocer a alguien en un lugar lejano de la ciudad puede traducirse a perderse en lugares inseguros y complicados. Es menos difícil decir adiós para siempre, la geografía de las grandes ciudades conduce a los rompimientos.

De cualquier forma, acudir a revisar miles de perfiles en los sitios de citas online, puede comenzar a lucir como un vagón del metro o como los autos en el tráfico, cientos de rostros que pierden forma detrás de las ventanas.

Otro aspecto es el ritmo acelerado de las grandes ciudades, la gente pasa más tiempo corriendo que intentando ver los ojos de los demás. A veces es más fácil mirar hacia otro lado.

Abigail Haworth de The Guardian señala otros puntos interesantes en su artículo sobre Japón y la gente joven que dejó de tener sexo. Jóvenes entre 16 y 24 años que ya no están interesados en tener relaciones, lo llaman ahora sekkusu shinai shokogun o síndrome de celibato.

Japan

Tokio tiene alrededor de 36 millones de habitantes (con la zona conurbada).

A nivel general, Japón parece estar viviendo un fenómeno similar en sus ciudades, la gente menor de 40 años parece haber perdido interés en las relaciones tradicionales. Ai Aoyama, un consejero de relaciones, subraya que gran parte de la culpa la tiene el gobierno, sus cambios económicos y el miedo que tiene la gente a las catástrofes (terremotos, tsunamis y bombas nucleares), de las cuales Japón ha vivido muchas. La gente ha perdido interés en el amor —dice Aoyama— no ven a dónde les pueda llevar.

En la parte económica de Japón es donde coincide el escenario con el de México, Aoyama dice que es más difícil tener una carrera, hay menos solvencia económica y la seguridad de un trabajo estable ha desaparecido. Las mujeres japonesas se han vuelto más independientes y ambiciosas. El mundo corporativo ha hecho complicado para las mujeres combinar la carrera profesional con la familia. Tener hijos se ha vuelto un lujo a menos que ambos trabajen.

Aoyama destaca que prevalece el sexo casual, sin compromiso. Novias virtuales, relaciones cortas. Se ha reemplazado al amor y al sexo con pasatiempos urbanos. De 13 millones de solteros, alrededor de 3 millones son mayores de 35 años y todos viven aún en casa de sus padres.

En el caso de Japón como el de México, las mujeres comienzan a preguntarse si se quieren ver encerradas en casa para siempre, en la tumba de la cultura machista tradicional o afuera, realizando su carrera profesional. Tener hijos para muchas significa quedarse en casa sin una entrada económica independiente.

Tomita, una entrevistada en el mismo artículo, con una carrera profesional impecable, explica que cuando un hombre le propone matrimonio porque la ve sola, ella contesta Mendokusai, lo cual significa “demasiado problemático”. Los compromisos de relación parecen representar una carga pesada y monótona, cumplir las expectativas del esposo y los suegros, los exhorbitantes costos de las propiedades en Japón y la creencia tradicional de que el matrimonio es para producir niños (y todo esto no difiere mucho de lo que se vive en México).

Los hombres, al igual que en México no se quedan atrás. Satoru Kishino, de 31 años explica que no tiene el salario para mantener una relación y no quiere la responsabilidad de una mujer esperando el matrimonio. Los medios en Japón los llaman herbívoros. A Kishino no le molesta la etiqueta porque se ha vuelto un lugar común, se define como un heterosexual para quien las relaciones y el sexo no son importantes.

Irónicamente, los gobiernos y las grandes ciudades propiciaron la existencia del hombre asalariado que trabaja o permanece fuera de casa más de 12 horas (cuando les va bien), creando al mismo tiempo un ambiente ideal para el soltero.

Problemas de equidad de sexos, oportunidades de trabajo, independencia, distancias agotadoras, saturación de opciones. El simple hecho de que no sólo al hombre le preocupa todo esto sino a la misma mujer.

Finalmente, ser soltero por elección se ha convertido en una nueva realidad. Puede que no sea nuevo, pero ahora está cambiando drásticamente a la sociedad.

Ahora lo sabes, no es tan sencillo como decir que hay una falta de compromiso, hay un contexto social muy complicado en donde la educación, la religión, la economía y los gobiernos de las grandes ciudades juegan un papel importante.





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